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BARCOS ENCALLADOS, BARCOS HUNDIDOS, NAUFRAGIOS

Tumbas o tesoros: qué hacer con los naufragios

Han pasado diez años desde que se firmó un acuerdo para proteger miles de naufragios en todo el mundo.

Pero muchas de las grandes potencias marítimas aún no lo han ratificado. Hasta que lo hagan, el debate sigue vigente: ¿se debe proteger el sitio de un hundimiento o es aceptable husmear en busca de un botín?

Cuando un barco se hunde y perecen sus tripulantes o pasajeros, es naturalmente una tragedia para sus familias. Para los parientes de los muertos, el sitio del naufragio y los restos del barco son una tumba submarina, y sin embargo con el paso de los años, éste puede convertirse en un polo de interés arqueológico.

En los últimos años las innovaciones tecnológicas han permitido que los arqueólogos comerciales, tachados por los críticos de “cazatesoros”, lleguen a los restos mismos del barco siniestrado, incluso cuando se encuentra en aguas profundas.

El naufragio más famoso, el del Titanic, se encuentra a casi 5 kilómetros de la superficie, y sólo se puede llegar a él con robots que son tremendamente caros (unos US$50.000 al día). Las empresas de rescate están particularmente interesadas en los barcos que transportaban oro y plata, o cerámicas y otros objetos preciosos.

DIFÍCIL DE PONER EN PRÁCTICA

En noviembre de 2001 se adoptó la Convención de la Unesco sobre la Protección del Patrimonio Cultural Submarino. Una década después, no ha sido ratificada aún por el Reino Unido, Francia, Rusia, China ni Estados Unidos. Los arqueólogos comerciales continúan localizando naufragios. Y después de ubicarlos, descienden y se llevan lo que encuentran, para ponerlo a la venta.

“La convención no ha sido ratificada aún por los problemas y los costos que traería su implementación y el control”, le dijo a la BBC un vocero del Departamento de Cultura, Medios y Deporte del Reino Unido. “Continúan las discusiones sobre el tema, pero la ratificación no es una prioridad”, agregó.

El Departamento de Transporte británico anunció en septiembre la firma de un acuerdo con la empresa Odyssey Marine Exploration para reflotar 200 toneladas de plata, valoradas en unos US$240 millones, del SS Gairsoppa, hundido por un barco alemán en 1941

El gobierno británico se quedará con el 20% de lo que Odyssey logre recuperar, pero la Unesco afirma que el acuerdo viola el espíritu de la convención.

PILLAJE Y CIENCIA

La Unesco cree que las actitudes hacia la exploración marina no están en sintonía con las normas que regulan la arqueología en tierra firme.

“El saqueo de las tumbas de Tutankamón es ahora considerado inaceptable. ¿Por qué entonces seguimos pensando que el pillaje de los naufragios es aceptable?”, pregunta Tim Curtis de la Unesco.

César Bita es un arqueólogo marítimo keniata, experto en el comercio entre China y África en la Antigüedad. Cree estar cerca de encontrar los restos de la flota del almirante Chino Zheng He. De acuerdo a la historia, uno de los barcos de su flotilla tocó fondo frente a las costas de Kenia hacia 1400.

Bita cree que su hallazgo permitiría documentar los primeros intercambios comerciales entre China y África. “Los naufragios han estado siempre bajo amenaza de la gente que quiere recoger restos, y Kenia no es distinta a otras partes del mundo en eso”, afirma.

CAZATESOROS, A MUCHA HONRA

Sean Fischer, cuyo abuelo Mel descubrió el casco de Nuestra Señora de Atocha en la costa de Florida, dice no avergonzarse del título de “cazador de tesoros”.

“Los arqueólogos puristas nos miran con desdén”, dice. “Pero cada pieza que encontramos, ya sea un cacharro, un lingote o una punta utilizada para desenredar el cordelaje, lo tratamos con el mismo cuidado”, afirma.

“Todos quieren el oro, y todos tenemos algo de cazadores de tesoros. Pero para mí lo más emocionante fue encontrar un arcabuz de 400 años de antigüedad. Fue como recrear la historia”, dice.

Pero la idea de que el patrimonio de las masas corre riesgo es puro alarmismo, dice Sean Kingsley, quien además de director de Wreck Watch International es vocero de la empresa Odyssey. Kingsley señala que los países que han ratificado el convenio de la Unesco suman entre ellos el 5% de las costas.

“Los dragados, la pesca de alta mar, la colocación de oleoductos y los buzos que van en busca de tesoros con su equipo de scuba -además del fracaso de los gobiernos en controlar estas actividades- son las verdaderas amenazas para los naufragios”, sostiene.

LA HISTORIA, BAJO EL AGUA

Por otro lado, la conveción protege solamente los restos de embarcaciones que se hundieron hace más de 100 años, con lo que el Titanic recién quedaría cubierto a partir del año próximo y los barcos de la Primera y Segunda Guerra Mundial quedan librados a su suerte.

Esto es algo que preocupa a los veteranos de la armada. El mes pasado siete asociaciones navales europeas escribieron al periódico The Times en protesta contra las empresas holandesas que “profanaron” las tumbas de tres barcos de guerra británicos, torpedeados frente a las costas de Holanda en 1914, en busca de metal para vender como chatarra.

Algunos naufragios sí han sido protegidos. La Oficina Marítima Polaca ordenó el establecimiento de una zona de exclusión en torno al Wilhelm Gustloff, que se hundió en el Báltico en 1945. El barco llevaba abordo a 10.000 refugiados alemanes del Frente Oriental, y fue hundido por un submarino soviético. Sólo se salvaron 500 personas en el naufragio que todavía se recuerda como el más mortífero de la historia.

En el 2006, las autoridades australianas impusieron un cordón vigilado a distancia en torno a un minisubmarino japonés que se cree todavía contiene los restos de dos soldados que participaron en el ataque contra la bahía de Sídney en 1942. Quien se acerque o interfiera con el submarino enfrenta multas de más de US$1 millón.

En cambio es poco probable que el arqueólogo marino Mark Wilde Ramsing encuentre familiares de los fallecidos en el naufragio que él investiga. La Venganza de la Reina Ana era un barco pirata comandado por Edward Teach, más conocido como Barbanegra. Se hundió frente a Carolina del Norte en 1718.

Muchos de los artefactos recuperados de su casco se exponen ahora en un museo en Estados Unidos, pero el tesoro de Barbanegra jamás se encontró.

ORO Y BURBUJAS

La convención de la Unesco no se aplica solamente a los naufragios. También cubre a sitios arqueológicos sumergidos, como las ruinas de la antigua Alejandría, o Port Royal en Jamaica, un puerto infestado de piratas que en alguna época se conoció como “la ciudad más ruin sobre la Tierra”.

Pero ruinas y naufragios continúan fascinando. ¿Cuál es entonces la mejor forma de satisfacer el interés del público?

En 1982 se reflotó el María Rosa, el buque insignia del rey Enrique VIII, y el próximo año abrirá un museo en el que se han invertido US$55 millones.

Algunos opinan, en retrospectiva, que hubiera sido mejor dejar al María Rosa en el lecho marino frente a la costa de Portsmouth, por los carísimos tratamientos químicos que hubo que hacerle al casco para preservarlo.

“Ha alimentado el mito de que todos los naufragios son pozos sin fondo para el dinero público, y que es mejor evitar la recuperación del casco y el resto del barco”, dice Kingsley, el portavoz de Odyssey.

Pero el profesor Jon Adams, al frente del departamento de arqueología marítima en la Universidad de Southampton, está en profundo desacuerdo.

“Si se estuviera cayendo a pedazos y nadie viniera a verlo, estaría de acuerdo. Pero la conservación del María Rosa ha sido un proyecto de investigación sumamente exitoso en sí mismo, y es uno de los museos marítimos más populares con más de 300.000 visitantes al año”, dice.

¿RECORRIDOS SUBMARINOS?

Algunos expertos aventuran que el futuro son los recorridos submarinos o los museos virtuales, donde el naufragio permanece en su sitio y las cámaras transmiten las imágenes del casco en tiempo real.

En Australia hay varios recorridos pensados para aprovechar el patrimonio submarino, con placas que guían a los buceadores.

En República Dominicana han creado un “museo viviente” en los alrededores de dos galeones españoles que se hundieron durante un huracán en 1724.

Este museo fue idea de un profesor de la Universidad de Indiana, Charles Beeker, quien descubrió también el naufragio del barco pirata del Capitán Kidd, el Quedagh Merchant.

Beeker brega porque los submarinistas tomen fotos y sólo dejen burbujas detrás, y quiere crear conciencia sobre el hecho de que estos sitios son cementerios.

En su lucha en pos de la conservación del patrimonio in situ, la Unesco espera que la ratificación de su convenio por parte de nuevos países, entre ellos Francia y Australia, le de más peso al acuerdo.

Kingsley duda de que vaya a tener éxito y opina que la autoregulación es el camino. Pero el profesor Adams cree que la autorregulación no funciona. “La convención de la Unesco es el resultado de la mejor práctica, y es la única forma viable para proteger el patrimonio cultural submarino en aguas internacionales”.

Fuente: BBC

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